La consciencia se define como la capacidad del ser humano de reconocer la realidad, relacionarse con ella y tener un conocimiento inmediato de su propia existencia. Es percibirse a uno mismo, ver los actos y estados internos, el “darse cuenta” tanto de lo que ocurre en el entorno como de lo que sucede en nuestra mente.

En la actualidad los algoritmos transforman la percepción, y a través de la economía de la atención nos inducen a estados modulados de consciencia.

Habitamos una nueva arquitectura de la realidad, la cual se ha vuelto gaseosa, donde el espíritu crítico y reflexivo está en general muy disminuido, no porque es reprirmido, sino porque es absorbido, y donde la subjetividad no es moldeada desde el exterior, sino que está coproducida desde el interior, por lo tanto, no hay represión, hay seducción; no hay persuasión, hay modulación.

Una alternativa, para aumentar la comprensión, la autonomía cerebral y la autodeterminación, es desarrollar la capacidad de la metacognición, la cual consiste en “pensar y observar sobre el pensamiento”, permitiendo a las personas ser conscientes de sus propios procesos cognitivos, evaluando sus capacidades mentales, regulando su aprendizaje, y mirándose por dentro, intentando no repetir patrones.

Descifrar los códigos de la ilusión, disponer de un mapa cognitivo, y educarnos para habitar el umbral nos lleva necesariamente a un nivel más alto de conocimiento y más profundo de consciencia.

Como decía Spinoza “La libertad es la ignorancia acerca de las cosas que nos condicionan”

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