Una nueva investigación revela que alternar entre el pensamiento abstracto y concreto puede ayudar al cerebro a prepararse para eventos inesperados.
Nuestro cerebro no está hecho para reaccionar, sino que está anatómicamente estructurado para predecir posibilidades futuras.
Miramos el futuro consciente e inconscientemente, y esta mirada es una función central de nuestro cerebro.
❓ ¿Por qué fallan entonces muchas predicciones? ¿Como prepararse para lo inesperado?
Se ha descubierto que se presta demasiada atención al proceso del fracaso, a ignorar las señales, o a malinterpretar los datos, pero no se pone atención en cómo las personas actúan: qué esperan al examinar la información, cómo estructuran esas expectativas, o cómo interpretan la situación.
Las últimas investigaciones introdujeron una teoría que hace un aporte al respecto y cuyo marco se basa en dos ideas clave.
✔️ Primero: Las personas representan los objetos y eventos del mundo que las rodea en una escala gradual que va de lo abstracto a lo concreto.
✔️ Segundo: La distancia con respecto a estos objetos y eventos (Distancia temporal, social, espacial e incertidumbre), puede modificar el grado de abstracción o concreción del pensamiento.
✏️ Una mayor distancia tiende a promover el pensamiento abstracto, mientras que la proximidad promueve el pensamiento concreto.
Aplicando esta perspectiva a los distintos eventos, las personas y las instituciones pueden verse desprevenidas cuando piensan de forma demasiado abstracta, o de forma demasiado concreta sobre la información relacionada con una situación particular. La calidad de la información importa tanto como el marco en el que se interpreta.
El pensamiento excesivamente abstracto se basa en esquemas generales que pueden llevar a quienes toman decisiones a aplicar modelos mentales inadecuados, a juzgar erróneamente posibles amenazas u oportunidades, o a asumir que otros se comportarán de forma estereotipada. El pensamiento concreto, por otro lado, implica una inmersión profunda en los detalles de una situación específica, lo que puede llevar a ignorar las tendencias generales.
Por ejemplo, pensar en las posibilidades a largo plazo estimula el pensamiento abstracto, mientras que generar nuevas ideas para el futuro cercano estimula el pensamiento concreto.
Nuestro cerebro intenta constantemente predecir lo que nos depara el futuro; la memoria, la percepción, y el comportamiento no se pueden entender sin distinguir el rol central de nuestra capacidad para visualizar el futuro, imaginar posibilidades futuras, proyectar, y anticipar lo que viene.
En resumen, alternar entre el pensamiento abstracto y el concreto puede ayudar al cerebro a prepararse para eventos inesperados, y también ser mucho más asertivos tanto en la preparación como en la predicción.
Source: Universidad de Stanford
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