Hoy en general no somos conscientes de la estructura que nos condiciona, nos sentimos libres porque desconocemos los factores biológicos, culturales, sociales, mentales y psicológicos que determinan nuestras acciones y comportamientos.

Las personas estamos determinadas en un paradigma que tiene una concepción específica de la realidad, y nos emancipamos y liberamos cuando logramos, al menos parcialmente o temporalmente, dilucidar la realidad del paradigma que nos toca vivir.

Cuando el paradigma está instalado, se aceptan inconscientemente las condiciones y premisas, y al interior de las mismas, transformamos, hacemos ciencia, exploramos, etc, hasta que se derrumba y aparece uno nuevo con una nueva concepción de la realidad.

Entonces como el paradigma no se puede cambiar, me cambio yo, o sea, el objetivo de mejora se transforma en un problema de rendimiento, sentido y propósito personal.

Se contempla una solución individual para las condiciones y contradicciones sistémicas.

Acudiendo al concepto de Impersonal-Sé del filósofo alemán Martin Heidegger, el impersonal siempre te está pensando, o sea, pensamos lo que se piensa, sentimos lo que se siente, deseamos lo que se desea, valoramos lo que se valora, e inclusive amamos como se nos dice que hay que amar.

En un verdadero proceso de transformación, empiezo a ser libre cuando tomo consciencia real de que estamos totalmente condicionados. La transformación no fracasa porque es reprimida, o porque no es profunda, fracasa porque es absorbida ya que estamos constantemente reproduciendo inconscientemente el sistema que nos condiciona.

Al comprender las causas y condiciones que nos determinan, la libertad percibida disminuye, pero la libertad real, entendida como consciencia y razonamiento, aumenta al dejar de ser dependientes de nuestra ignorancia.

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