A medida que la ciencia avanza en tecnologías para conocer e intervenir el cerebro humano, ya sea para detectar pensamientos, optimizar recuerdos, o modificar comportamientos, como ya se ha hecho con animales en laboratorios, también hace crecer el riesgo de hacer un mal uso de este conocimiento, y también de manipulación de la información

Las neurotecnologías avanzan a un ritmo extraordinario y están abriendo nuevas vías para entender, registrar y modular la actividad cerebral, con aplicaciones que ya están transformando la medicina.

En esta misma línea surgen ciertas preguntas:

¿Hasta qué punto se podrá leer, interpretar y modificar el pensamiento humano? ¿Podrían estas tecnologías manipular a un individuo? ¿Quién protege los pensamientos? ¿Dónde está el límite entre ampliar las capacidades y comprometer la autonomía?

Como menciona Richard Restak en su libro “El cerebro del siglo XXI”, la IA, la vigilancia y el cambio climático están transformado el cerebro. Por ejemplo, las interfaces cerebro-computador permiten transformar ideas o imágenes mentales en lenguaje.

Los cambios que se están produciendo y la posibilidad de acceder o influir en la actividad neuronal nos lleva a reflexionar sobre la privacidad mental, la identidad personal y el control sobre los datos neuronales.

Los expertos en neuroderechos mencionan que cualquier regulación jurídica en este campo ha de basarse en dos pilares epistemológicos previos: el estado de la ciencia y la tecnología neuronal; y la valoración ética sobre los avances tecnológicos.

El desarrollo tecnológico y científico, que es clave para el progreso, evolución y supervivencia, deberá garantizar al mismo tiempo el resguardo de la actividad cerebral, así como la información proveniente de ella, y por lo tanto la libertad, la autodeterminación, autonomía, y capacidad de decidir por nosotros mismos.

Es como la historia de la rana en el agua, si aumentas lentamente la temperatura del agua, la rana no se da cuenta hasta que es demasiado tarde.

Una alternativa, como posibilidad de autonomía cerebral y autodeterminación, es desarrollar la capacidad de la Metacognición, la cual consiste en “pensar sobre el pensamiento”, permitiendo a las personas ser conscientes de sus propios procesos cognitivos, evaluar sus capacidades mentales y regular su aprendizaje. Es la capacidad de observar los propios pensamientos, mirarse por dentro, intentando no repetir patrones. Implica dos componentes principales: el conocimiento sobre cómo se aprende (estrategias) y la regulación del pensamiento (planificación, monitoreo y evaluación). Esta capacidad nos lleva necesariamente a un nivel más profundo de consciencia y/o a un estado de metaconsciencia.

“La amenaza a la libertad de pensamiento es el poder de la opinión mayoritaria, es el espíritu crítico y reflexivo adormecido”

[ratemypost]